Carnaval de las Flores: Medio Millón de haitianos bailando en la calle

>> 31 de julio de 2012


El Carnaval de las Flores no  se parece al desfile de carrozas que los dominicanos estamos acostumbrados a disfrutar en el malecón el último fin de semana de Febrero o inicios de marzo. Hay un carnaval haitiano tradicional en febrero.

PUERTO PRINCIPE. 
 Cuando se dice "Haití", bajo el influjo mediático de  los fantasmas que le signan, incluyendo la miseria, las dictaduras del pasado y la irónica e injusta circunstancia de haber tenido la peor tragedia de toda su historia el 12 de enero de 201, cuando la tierra tembló como nunca,  lo más lejano que pueda ser imaginado es a un pueblo desbordado de alegría, danzando en la calle con energía impetuosa, con el resonar de estos tambores y el timbre en alto de estas trompetas y estos redoblantes, provocando que más de 600 mil personas hayan amanecido al hilo,  domingo y lunes protagonizando con danza, canto y ritmo, con una descarga que tiene tanto de catarsis colectiva como de escape social y de reencuentro con la alternativa de su cultura puesta al servicio de una naciente industria del turismo que oferta, más que todo una acendrada cultura de raíces afirmadamente negras y otros atractivos paisajísticos e históricos que el común de la gente ni se imagina.


Pero el Carnaval de las Flores, que ha montado el Ministerio de Turismo y que ha tenido como figura central al presidente Michell Martelli, danzando en la calle, ha sido ratificación de una actitud de millares de bailadores  que se resisten  a morir bajo el asfixia programada por la carestía, la falta de empleo y las tragedias de cualquier tipo. Aquí parece que se ha reafirmado la certidumbre esperanzada por vivir. El Carnaval de las Flores es apuesta por la vida y vuelta a la alegría.


El Carnaval de las Flores no  se parece al desfile de carrozas que los dominicanos estamos acostumbrados a disfrutar en el malecón el último fin de semana de Febrero o inicios de marzo. Hay un carnaval haitiano tradicional en febrero.


Es un derroche de tambores, caderas danzantes, música que penetra firme en la piel, la belleza de la mujer negra, blanca y mulata, la presencia firme de los bailarines y deportistas que mostraron sus mejores habilidades. Es una fiesta de sensualidad colectivamente disfrutada, cimbreando cinturas y agitando armoniosamente los brazos, el torno, las piernas mientras que el oigo de regodea en ritmo incesante, en coros que entona la masa, elevando un canto colectivo que, aun cuando el visitante  no lo pueda entender, se sabe que se trata de fiesta en su nivel más alto, celebración de miles que no había tenido expresión desde que la tierra hizo de las suyas al temblar más allá de lo tolerable.


La convocatoria al Carnaval, celebrado en el Campo de Marcos, como se llama esta plaza, ubicada a 800 metros del destruido Palacio Nacional, fue un éxito de logística, promoción y organización, pero lo más resaltante no es su masiva participación sino la oportunidad que ofreció a las y los haitianos, de dejar de lado, aun cuando fuera por estas horas, el fantasma de la tragedia del terremoto. No había habido oportunidad de celebrar masivamente nada a este nivel, luego del desastre natural del 12 de enero de 2010.


El Ministerio de Turismo ha instalado el portal web:http://visithaiti.gouv.ht . Cuando se entra  y se ven las fotos, la percepción de Haití, signada exclusivamente por la pobreza y la tragedia, cambia totalmente. Se exponen  en ese portal los atractivos naturales y culturales de este pueblo.


El Carnaval de las Flores no es creación reciente. La dictadura de Duvalier lo impulsaba como parte de una estrategia de "pan y circo", pero se dejó d montar por la inestabilidad política, primero, y por decisión de los regímenes de Aristide y Preval, después hasta ser ahora reivindicado por el Ministerio de Turismo, que lo rediseña, lo enmarca dentro de una estrategia de promoción del país, y que ha tenido una masiva respuesta popular.


Su segunda entrega (la última es  hoy martes en horas de la madrugada) se constituyó en una inagotable jornada de catarsis, frenesí, desahogo o como se le quiera llamar a este  extenso, y apasionado expresionismo  danzario,  tomado por un pueblo necesitado de expresarse en alegría profunda, hacer distancia psicológica y, de paso, plantearse como un destino digno de un turismo internacional con actitud de aventura y deseoso de experiencias que no se encontrarían fácilmente en otros destinos. 


José Rafael Sosa

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