Lucha contra Falconbridge y Xstrata Niquel consolida el poder popular en RD

>> 10 de julio de 2014

La lucha que se desarrolla en la República Dominicana contra las intenciones de las mineras canadienses Falconbridge  y  Xstrata Niquel, ha asumido recientemente ribetes de pulso entre poderes: el poder estatal, por un lado, y el poder popular, por otro. El escenario: Loma Miranda, en la provincia de La Vega, región que deslumbró a los conquistadores españoles en su contemplación.


Establecidos desde los años 70 en este país que comparte isla con Haití, la minera Falconbridge presiona al estado dominicano con campañas mediáticas tratando de impedir la conversión en parque nacional de la Loma Miranda, donde pretendía explotar los yacimientos de lateritas niquelíferas existentes, destruyendo nacientes y afluentes de por lo menos dos ríos: el río Jagüey y el río La Piedra.
“La Loma Miranda está ubicada en la base de la Cordillera Central y al sur del Valle del Cibao Oriental, en la frontera política territorial que separa a Bonao de La Vega, en el mismo centro de la cuenca hidrográfica Yuna-Camú, la segunda más grande e importante del país para la producción de alimentos y el abastecimiento de agua potable para 5 provincias, 14 municipios y 22 poblados (con casi medio millón de seres humanos)”.
Un dato curioso es el de que en la parte alta del río Jagüey se conserva en un abrigo rocoso, una de las expresiones petroglíficas indígenas más conspícuas relacionadas con la mitología aborigen y el manejo de las aguas y los suelos productivos. Un conjunto de 16 petroglifos antropomorfos resume en su significado la importancia del proceso eólico, hidrológico y productivo de la zona, dominada por vientos frontales alisios, bañada con la pluviometría del bosque húmedo y muy húmedo, e irrigatoria de importantes zonas de cultivo del Valle de la Vega Real y la llanura intramontana de Bonao.
Estas particularidades ambientales y culturales, y otras destacadas en las informaciones esparcidas a contrapelo del muro mediático comercial que auspicia la explotación minera para la Cordillera Central, han llegado a la población dominicana que poco a poco va elevando la mirada hacia el riesgo que significa permitir la explotación de esta montaña y otras muchas que conforman la Cordillera. La reacción de la población, en principio lenta e incrédula, pero luego viva como un despertar ante una amenaza inminente, ha ido generando una  sólida opinión que se levanta como un muro de poder popular enfrentado al poder estatal, mediático y multinacional.
La demanda de protección para la Loma Miranda, además de la participación de la Asamblea Nacional Ambiental –ANA- Inc.,  ha logrado sumar las convicciones de grupos religiosos, como el influyente Grupo Sacerdotal Don Helder Cámara, de la Iglesia Católica; de la comunidad cristiana adventista y otras comunidades religiosas; de la Academia de Ciencias de la República Dominicana, de la universidad del estado: la Universidad Autónoma de Santo Domingo; de instituciones como el Colegio Médico Dominicano, el Colegio de Abogados de la República Dominicana, del Instituto de Contadores Públicos, de la Asociación de Profesionales Agropecuarios, de la Articulación Nacional Campesina, de los diferentes movimientos y partidos políticos de izquierda,  y de centenas de organizaciones de la más diversa índole desde lo cultural a lo deportivo y gremial de la República Dominicana.
Pudiera decirse que en estos momentos el estado dominicano se encuentra dividido en relación con la protección o explotación de Loma Miranda, pues uno de los tres poderes del Estado, el Poder Legislativo, tanto en la cámara de diputados como en la cámara de senadores, ha declarado su respaldo a la conversión de Loma Miranda en parque nacional y su incorporación al Sistema Nacional de Areas Protegidas.
Esa división ha resultado del crecimiento del poder popular frente al poder estatal, pues de otra manera hace tiempo que se le hubiera permitido a la Falconbridge y a Xstrata Niquel la explotación de las lateritas niquelíferas de Loma Miranda, tal como hicieron con otras montañas en la provincia Monseñor Nouel, Bonao, cuando todavía el pueblo dominicano creía en la posibilidad del desarrollo económico nacional basado en la minería metálica.
Fueron los daños causados en las zonas minadas de Bonao, y los daños irreversibles que están causando las empresas megamineras Goldcorp, Barrick Gold y Everton en la vecina provincia Sánchez Ramírez, lo que ha hecho que la población dominicana haya decidido no esperar más por la voluntad política desde arriba, y haya comprendido que también hay voluntad política desde abajo cuando se necesitan cambios en la conducción de un país.
En estos momentos, esa voluntad popular contra la expansión minera metálica, transformada en voluntad política a favor de la conservación de nuestras aguas y suelos productivos, va escalando niveles sociales, consolidándose y empoderándose en la diversidad sectorial social, y hasta sopesando la posibilidad de llamar a detener el país mediante un paro nacional de inspiración ambientalista, ecologista, recurriendo a una de las alternativas extremas de la lucha social por reivindicaciones que ya no son solamente por mejoras, sino por asegurar la soberanía alimentaria, el abastecimiento de agua, la conservación de los suelos productivos y la vida de la isla, en términos generales.
DOMINGO ABREU COLLADO
Capítulo Dominicano de ALBA MOVIMIENTOS.

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