Mortal y burda trampa contra el pueblo dominicano

>> 9 de julio de 2014

Una trampa mortal le han tendido al pueblo dominicano sus enemigos mortales, camuflada en el Artículo 11 del reglamento para aplicar la repulsiva e inconstitucional ley de naturalización en masa:


El “gancho” mortal radica primero en utilizar las declaraciones de nacimientos tardías para ‘probar’ que un número TOTALMENTE ILIMITADO de haitianos ‘nacieron en RD’ y, a seguidas, lanzar a todos sus lacayos, y bien pagados mercenarios, al ataque por todos los medios hasta lograr que el gobierno dominicano arroje nueva vez la bandera y capitule mediante otra ley de naturalización masiva, que beneficie esta vez a cientos de miles o millones de haitianos, de golpe y porrazo.
Los depravados que buscan destruir permanente y definitivamente a la RD, que quieren exterminar de una vez y para siempre nuestra nacionalidad, nuestra cultura y nuestra identidad dominicana, saben que con solo seis meses de chantaje mediante descaradas y demostrables calumnias lograron que el gobierno dominicano arrojara la bandera y se humillara sin tirar un tiro, dizque “por la presión”. Si funcionó una vez, ¡¿por qué no una segunda?! Calculan los desalmados. Del mismo modo puede el gobierno dominicano reciclar los inverosímiles pretextos que presentó después de su primera humillante claudicación.
Si el gobierno dominicano permite que los desalmados enemigos mortales de nuestro pueblo se salgan con la suya, a partir de ahí, los días de nuestra nacionalidad dominicana estarían contados, y solo sería cuestión de poco tiempo para que los haitianos nos avasallen a través de nuestras propias urnas, cumpliendo así, sin tirar un tiro, el propósito por el que tantos tiros tiraron infructuosamente sus antepasados.
Y cabe aclarar, que al margen de nuestro avasallamiento electoral a manos de nuestros enemigos ancestrales, la ‘dominicanización’ de cientos de miles o millones de haitianos no solo sería altamente lesiva a la salud fiscal del Estado dominicano (el que ya tiene un enorme déficit y una gigantesca deuda pública acumulada). También laceraría a los CUATRO MILLONES de dominicanos pobres (40% de la población) incluidos cerca de un MILL”N de dominicanos que viven en la extrema pobreza, sin olvidar a los dominicanos afectados por la altísima tasa del desempleo, que asciende a 15% en general y a 30% entre los jóvenes.
De hecho, solo se requiere una iota de decencia humana para entender que la República Dominicana no está en condiciones de echarse encima ni un alma más de las que les toca de acuerdo a su Tribunal Constitucional, y que los haitianos deberían buscar socorro entre otros de los cerca de doscientos países del mundo, especialmente en aquellos económicamente mejor posicionados que la RD, como por ejemplo los EEUU, Canadá, Francia y España. Los depravados que detestan a nuestra gente evidentemente no lo ven así.
Veamos ahora algunos detalles de la burda Y TOTALMENTE OBVIA trampa que nos han tendido nuestros enemigos mortales.
Lo primero es que a los responsables de este monstruoso reglamento no se les ocurrió ponerle ningún límite al número de posibles beneficiados. Los descarados calumniadores repitieron una y otra vez que había unos ‘doscientos mil’ haitianos dizque nacidos en RD y ‘desnacionalizados’. Pues si solo había unos doscientos mil en tal situación, se supone que el número de beneficiados de este programa no debería exceder dicho límite. Entonces, cómo es que no se les ocurrió a los autores limitar reglamentariamente al número de los posibles beneficiarios a unos doscientos mil, y así evitar que de la noche a la mañana aparecieran millones de haitianos dizque nacidos en RD, según ellos.
Además, los criterios que le permiten a un haitiano ‘probar’ que ha nacido en RD son sencillamente ridículos.
Por ejemplo, le bastaría probar que ha realizado “estudios en centros de educación inicial o básica en la República Dominicana”. Quizás son los autores del monstruoso reglamento los únicos que no saben que muchos haitianos emigran ilegalmente a RD con todos sus hijos, y que cualquier haitiano, nacido donde sea, puede asistir a una escuela dominicana. De hecho, cerca de treinta y cinco mil haitianos que ni siquiera viven en RD asisten a escuelas dominicanas fronterizas.
Todos, y cada uno de ellos, podrían ‘probar’ que ‘nacieron en RD’ simplemente mostrando que están asistiendo a dichas escuelas. ¡Qué barbaridad!
Un haitiano también puede recurrir a un “acto de notoriedad”. Este es un proceso comúnmente usado para que vecinos y conocidos de determinado fallecido certifiquen quiénes son sus herederos. O sea, el proceso se usa para establecer quién es el hijo de quién, pero de ninguna manera para confirmar el lugar de nacimiento de nadie.
Del mismo modo, el haitiano puede presentar declaraciones juradas de determinadas personas, como curas, pastores e incluso supuestas “parteras”, pero como sabemos, cualquiera se puede prestar a firmar una declaración jurada falsa, sea a cambio de prebendas, o dizque para ‘ayudar’ al haitiano (¡y en detrimento de los pobres dominicanos!). ¿Cómo podría el pueblo dominicano saber cuáles declaraciones juradas se corresponden a la verdad y cuáles no?
Por si todo lo anterior fuera poco, el reglamento ha impuesto límites de tiempo de procesamiento que son totalmente arbitrarios, y no hay forma de saber si el Estado podrá cumplir, puesto que los solicitantes podrían llegar hasta los diez millones, que es la población total de Haití. Y claro, el costo del proceso recaerá no sobre los beneficiarios, sino ¡sobre el empobrecido y sufrido pueblo dominicano!
Aquí algunos ingenuos podrían argumentar que nada de lo anterior importa, puesto que los haitianos se registrarían como extranjeros, con miras a solicitar la naturalización ordinaria. Pero a esos ingenuos le enfatizamos de nuevo que, tan pronto nuestros enemigos mortales tengan una lista con cientos de miles o MILLONES de haitianos dizque ‘nacidos en territorio dominicano’, los muy inescrupulosos lanzarán a todos sus lacayos, y bien pagados mercenarios, al ataque, con las mismas bajezas que con vergonzoso éxito ya utilizaron, hasta lograr que el gobierno dominicano claudique de nuevo con otra ley de naturalización masiva, pero que cubra esta vez a los cientos de miles o millones de haitianos dizque ‘nacidos en RD’. ¡Ya el gobierno dominicano les demostró que solo aguanta seis meses de ‘presión’!
¡Ese es el monstruoso y depravado plan de nuestros desalmados enemigos!
La raíz del problema podría ser que los asesores jurídicos del Poder Ejecutivo no acaban de entender que el Artículo 137 de la Constitución dominicana requiere que el Poder Ejecutivo actúe “en beneficio de los intereses generales de la nación y al servicio de la ciudadanía”. Sería bueno que dichos asesores se lean dicho artículo de una buena vez, y que se lo expliquen con lujo de detalles al Presidente. Evidentemente que lo necesita.

Virgilio Rodríguez, Ph.D.
Alemania
El autor es investigador científico 

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