Nuestro accidente fue una “Bendición de Dios"

>> 15 de noviembre de 2014

Así se expresan los jóvenes Arturo Elivo (22) y Jennipher Vásquez (20) quienes el 3 de agosto 2014, sufrieron un terrible accidente.


Era domingo y la Iglesia Piedras Vivas había sido invitada a un retiro a una hermosa mansión en Moca. Todo transcurría en calma. Soplaba un viento fresco que invitaba al descanso y la reflexión después de haber estado adorando a Dios en la mañana. Todos conversaban distraídamente de diferentes temas en el paradisiaco patio, hasta que el diseño arquitectónico de la majestuosa mansión (un castillo) atrajo poderosamente la atención de Arturo y su novia Jennifer, ambos estudiantes de la carrera de arquitectura.

 –“Subamos a ver el diseño más de cerca y hagámonos algunas fotos allá en las alturas”- dijo Arturo a Jennipher y a su madre Atalia, quienes habían hecho un aparte para conversar sobre la maravilla arquitectónica.

-“No, vayan ustedes dos. Ya es tarde. Me iré a recoger las cosas”- dijo Atalia, madre de Arturo. Mientras la dama se alejaba, los jóvenes se acercaron al mayordomo de la casa, quien de inmediato los guió hasta el convencional ascensor que había sido preparado para subir a la parte exterior (aun por terminar) de la mansión.

Llenos de emoción abordaron el ascensor y empezaron a subir, hasta que de repente todo se detuvo. Hubo silencio, y los recién estrenados novios se miraron, como preguntándose el uno al otro ¿Qué pasó, el ascensor se ha quedado atascado?  Allí estaban; fríos, aunque sin temor, ya que se encontraban a unos 12 metros de alturas (3 niveles). –“todo saldrá bien”- dijo Arturo a su novia, tratando de infundir confianza en ella. Pasaron unos quince minutos, que parecieron eternos, mientras el mayordomo trataba de resolver la situación. 

Por razones del funcionamiento, el ascensor ya no podía seguir su marcha hacia arriba, sino que, necesariamente debía descender. –“tranquilos, ya empezaremos a bajar lentamente”- dijo el maquinista a los jóvenes, quienes seguían confiados.

El ascensor inició su marcha hacia abajo. El descenso era lento y normal, hasta que de forma súbita se precipitó a la velocidad de un rayo. El golpe sonó seco y trajo de vuelta a la realidad a todos los que, por lo amena de las conversaciones, se habían olvidado de que los enamorados que habían ido a observar el castillo, también eran parte del pasadía.

-“Parece que explotó un tanque de gas”- dijo sorprendido, Orelvi, padre de Arturo.  -“No, fue un accidente entre varios vehículos”- dijo Carlos Eduardo, amigo de Arturo. Solo una persona acertó en el veredicto, el instinto materno de Doña Atalia la guió a decirse: -“Se cayeron Arturo y Jennipher”. Salió corriendo despavorida hacia el lugar donde ya habían llegado Hadzael Gómez, tío de Arturo,  Joel García y Misael Jiménez, éste último considerado por Arturo como su mejor amigo. Arturo y Jennipher, presa de un dolor insoportable, se preguntaron mutuamente: “¿Cómo estás”?, mientras se retorcían del dolor.  –“Después de eso no recuerdo nada más, me han dicho que me puse blanco como un papel y que mi sudor era como el de alguien que estaba debajo de una ducha”- dijo Arturo con voz entrecortada.

Arturo sufrió una seria lesión en la columna vertebral que le dejó con 2 discos lumbares lesionados. Jennifer cargó con la peor parte; su pie derecho se fracturó a la mitad y 4 dedos de ese pie corrieron la misma suerte. Solo el meñique salió ileso, también se fracturó el talón del pie izquierdo.

-“Ambos pasamos varios días en la clínica. Jennipher fue sometida a dos cirugías, pero Dios usó esta situación para reconfirmarnos nuestro amor mutuo, que para la fecha solo tenía algo más de un mes de estrenarse. También Dios la usó para unir mucho más a nuestras dos familias, y enterneció los corazones de nuestros profesores de la universidad, quienes nos permitieron tomar los exámenes de ese cuatrimestre, y los pasamos. Hoy Dios nos ayuda ver el futuro con optimismo, pero más que eso, nuestros corazones están más confiados que nunca de que nuestras vidas están en sus manos”… Con lagrimas en los ojos y voz muy frágil, Arturo terminó diciendo: “En medio de esa aflicción, Dios usó para alentarnos la canción Vivir es Cristo, de Jonathan & Sarah Jerez, la cual dice en una de sus partes:

Bendito sea el nombre del Señor, en todo tiempo se haga su perfecta voluntad en mí. Trae gloria a tu nombre a través de mi aflicción. Dame tu Gracia para ver “Que vivir es Cristo”..


Hoy, a más de 3 meses del accidente, Arturo y Jennipher continúan su noviazgo, sus estudios y su fiel asistencia y servicio en la Iglesia Piedras Vivas, en Santiago.

Arturo debe usar una faja ortopédica y Jennipher aún camina con dificultad en su pie derecho.


Por: Félix Mario Balbuena (especial para www.sacandomelao.com)
Templo Bíblico Monte Llano


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