ANÁLISIS: Pobreza y Riqueza versus La Delincuencia

>> 3 de enero de 2015

"La pobreza tiene este defecto: Incita al hombre a cometer malas acciones."  
Eurípides de Salamina (480-406 a. C.), poeta trágico griego.    Nada más absurdo, si la analizamos con lógica, que esta cita del poeta trágico griego Eurípides.  

Para nosotros, partícipes de la realidad que se vive en los siglos 20 y 21, la pobreza no necesariamente incita al hombre a cometer malas acciones, pues hay millonarios y multimillonarios que cometen acciones de corrupción vergonzosas.     

Y como dijo el sabio griego Chilón de Lacedemonia (siglo IV a. C.): "La riqueza más sirve para la maldad que para la conducta honrosa."    

Corrupción, que no es solamente la mala acción que el pueblo le atribuye a los funcionarios del Estado de apropiarse de fondos del erario, es una palabra derivada del latín "corruptio," que significa putrefacción, contagio, alteración, falsificación, vicio o abuso.     

Si evaluamos económicamente las pérdidas monetarias que las malas acciones de la pobreza producen en nuestra sociedad, podríamos darnos cuenta que estas no representan ni el 5% de las pérdidas originadas por aquellos que desfalcan al Estado, como resultado de las malas acciones y de la corrupción de los millonarios y funcionarios públicos que, aunque proviniendo de un origen humilde, hoy son también multimillonarios.    

La mala aplicación que se le da al uso de la palabra "delincuencia," al ser atribuida a las malas acciones cometidas por elementos de la clase pobre, popularmente conocidos como "tígueres," es una práctica completamente errada, pues "la delincuencia es un conjunto de delitos que se ejecutan en diferentes planos de la sociedad." 

Los delitos son cometidos por miembros de todos los niveles que económicamente componen la sociedad.    

La corrupción con los fondos del erario, el contrabando, la evasión de impuestos, la sobrevaluación de obras, la especulación, el agiotismo, el monopolio empresarial, el tráfico de influencias y otras tantas malas acciones, son delitos más comunes que aquellas malas acciones cometidas en nuestras calles y barrios populares, a las que inadecuadamente llamamos "delincuencia común."    

Entonces nos preguntamos; ¿Si la delincuencia está altamente ligada a la pobreza, cómo es que para combatirla empleamos hombres, a los que pagamos salarios paupérrimos, enganchados a policía, y cuyos ingresos, en la mayoría de los casos, son inferiores a los ingresos que logran los delincuentes con sus malas acciones?    

Así como en las altas esferas, los jueces no mandan presos a los funcionarios y legisladores que le favorecieron en sus designaciones en el poder judicial, tampoco esperemos que los policías apresen a los "tígueres" del barrio que muchas veces los ayudan con el pasaje y hasta con la receta.  

La mala acción de delinquir no se limita al delincuente del barrio pobre que se fué a un sector de clase media o a un residencial de la clase alta durante el último mes y les arrebató veinte teléfonos celulares a diferentes victimas.  

No; este delincuente no tiene veinte teléfonos celulares en un rincón de su casa.  Ya están siendo vendidos en una tienda propiedad de un comerciante de la clase media alta que se los compró a dos mil pesos cada uno.  ¿Cuál es más delincuente de los dos?    

Para reducir la delincuencia, en todos los niveles sociales, hay que reorganizar nuestra sociedad.  La equidad en la distribución de los beneficios económicos y sociales debe prevalecer sobre la iniquidad. 

Entonces veremos reducida la delincuencia en todos los niveles de la sociedad.  
Autor: Silvano A. Rodríguez
via: http://elguaguerodenyc.blogspot.com/

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