Una alarmante experiencia médica

>> 18 de febrero de 2015

Hace unas semanas acudí a un renombrado complejo de salud para mi chequeo anual rutinario y aunque por una cortesía del director me ‘exoneraron’ el pago de mis análisis y estudios, al final, junto con el chequeo de mi esposa, que apenas tenía un costo inicial de $14,000, terminamos pagando $46,370.

Esto me hizo reflexionar ¿con costos como estos, cómo rayos un ciudadano ‘común’ puede someterse a medicina preventiva?
Sencillamente, ¡imposible! 
Pero la experiencia que me motiva este comentario es otra, mucho más seria y delicada. Una vez concluidos los exámenes y estudios, tanto yo como mi esposa recibimos explicaciones alarmantes de los médicos que “interpretaban” los resultados, indicándonos que estábamos en “serio riesgo” y con la vida en “peligro”. Ello, sin embargo, podía ser revertido en 90 días nos indicaron los médicos-, para lo que debíamos proceder “de inmediato” con tratamientos “especializados” aplicados en un determinado centro privado, al cual fuimos remitidos.
Una vez allí, quienes nos atendieron, con citas por separado, tenían  ya en sus computadoras el resultado de nuestros exámenes lo cual no autorizamos previamente- y, sin ni siquiera un chequeo médico de rigor tomar la presión, auscultar el corazón, la respiración, etc.- se nos “guió” hacia un tratamiento a través del sistema sanguíneo el cual tiene un costo de unos US$1,800 por los análisis, de unos US$14,500 la aplicación del proceso médico, que podía llegar a unos US$22,000 con el cual con el “sostenimiento” a más largo plazo.
Alarmado, primero por el informe del “serio riesgo de salud” en que nos encontrábamos y luego por la “inducción” a un determinado “tratamiento”, consulté  --por separado y con el resultado de los análisis que nos hicieron en mano-- con varios amigos médicos de diferentes especialidades y de reconocido ejercicio en el país, y la conclusión fue unánime: “No hay concordancia entre los resultados de análisis y el diagnóstico” alarmante que recibí.
(Mis conclusiones sobre este episodio, triste y peligroso que vivimos mi esposa y yo, se los cuento en mi próximo artículo de Oye País, en esta misma esquina del Listín). 
Ruddy L. González 

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