HAITÍ: Problema Económico, NO Migratorio

>> 28 de junio de 2015


Hemos llegado a un punto sin retorno del plan de Regularización de Extranjeros. Nadie debe esperar una solución rápida y definitiva del asunto. Tenía que iniciarse en algún momento; era una tarea pendiente de la Ley de Migración y el reglamento.


Es hora de pensar en soluciones concretas: palpables, oportunas y confiables. No permitamos que opere en contra del país algo que se está haciendo respetando la ley, la constitución, los tratados internacionales que reclaman dignidad humana en el manejo de la repatriaciones.

Nadie, ni siquiera el propio Haití trata a los haitianos mejor que nosotros los dominicanos. Las muestras están tan a la vista que señalarlas ahora podría resultar impertinentes. Dejémoslas que fluyan espontáneamente, pero no nos dejemos arrinconar de los que precisamente están llamados a dar respuestas al drama que viven nuestros hermanos.

No se nos puede pedir más porque no podemos dar más. Pongamos la bola en la cancha de los supuestos amigos y defensores de Haití. Rechacemos las provocaciones y las agitaciones pues no existe tal guerra y por lo tanto, tal adversario, excepto los que pretenden echarnos a pelear para luego imponer la solución.

Exijámosles que demuestren su amor y su preocupación por los haitianos. Que todos los países y organismos que pretenden pedirnos lo imposible, comenzando por los Estados Unidos, Francia, Canadá, los organismos internacionales, la diplomacia de la República, los líderes de todas las áreas de la vida nacional, tanto de nuestro país como de Haití, en fin, todos lo que realmente procuran una solución al problema, que incluye a ambos países, pidan por todos los medios que la deuda Externa de la República Dominicana sea condonada.

Que unidos: haitianos, dominicanos y sus amigos, pidan a  los organismos crediticios internacionales, los cuales dudamos que se opongan a un clamor tan extenso, compacto, contundente y humano, que de una vez y por todas dejen sin efecto esa deuda para invertir ese dinero en la reconstrucción y desarrollo de los pueblos de la isla. De esa manera, los planes de inversión fronterizo se convertirían en realidades.

República Dominicana, gustosa como en otras ocasiones, acudiría a ayudar en la instalación de un registro civil que sirva de base para dotar a los haitianos de un documento imprescindible para  la reconstrucción definitiva de su estado. El 60% del dinero que pagamos por concepto de la deuda, iría a Haití; en diez años estaremos escribiendo otra historia.


De otro modo, no importa lo que hagamos en el proceso de Regularización de Extranjeros. Que cumplamos con todas las disposiciones legales, constitucionales, supranacionales y humanas; no importa que nuestra diplomacia se despliegue con efectividad por todo el mundo explicando lo que se está haciendo y lo que se ha hecho; nada va cambiarla realidad del impacto que produce la llegada de los haitianos a su país.

No va  cambiar independientemente de lo correcto o legítimo de nuestra prerrogativa de soberanía nacional enarbolada, pues, agravaría la ya trágica miseria que padecen los que están allá. Entonces es en vano todo esfuerzo, toda inversión. Cuidado, mucho cuidado señor Presidente con los radicalismos. Podrían conducirnos a crear las condiciones para que los que desde fuera procuran una solución de paquete, que no toman en cuenta ningunas de las disquisiciones que nos baten, impongan su receta.

Aquí no se trata de soberanía, de nacionalidad, de frontera, de cultura ni nada parecido. El problema se contrae a la esfera económica; si, todo esto es un asunto económico. República Dominicana ya no puede seguir sola con la carga. Algo más de  seiscientos mil millones de pesos constituyen el presupuesto para este año 2015, de los cuales más del cuarenta por cientos están destinados al pago de la deuda externa, esto es doscientos cincuenta mil millones de pesos aproximadamente.

Si agregamos a esa última cantidad lo invertido en la salud y educación  de los haitianos y los dominicanos y el pago del déficit eléctrico,¿de donde puede el pueblo dominicano sacar recursos para invertirlos en el desarrollo que se mantiene estancado porque las soluciones han venido siendo relegadas por décadas?

Si para la comunidad internacional y algunos agitadores,lo legitimo y lo legal no borra lo injusto, tampoco es justo que se pretenda que  nuestro país  siga cargando solola pesada cruz. Son decenas  de años de solidaridad. No somos los responsables de esa tragedia. Tal vez Francia, Canadá y Estados Unidos puedan ayudar a Haití a identificar a donde fueron a parar tantas riquezas. Mientras tanto, resuelvan el problema de la deuda externa  y ayudaran a los haitianos.


El escritor es Abogado

CARLOS SARAPIO
Sosua, 23/6/2015.

1 comentarios:

red wolf 6/28/2015 9:41 p. m.  

Nada que tenga que ver con esos malagradecidos nos beneficia. Mudarlos a otro pais es lo mejor que nis puede pasar.

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