Las mujeres: más a riesgo de sufrir un infarto

>> 28 de junio de 2015

Cuando Latoya Roberts sufrió un accidente cerebrovascular en abril, sabía exactamente qué estaba ocurriendo. Roberts había sufrido ya un accidente cerebrovascular en junio pasado. Roberts tiene 26 años, siempre había tenido buena salud y no tenía ninguno de los factores de riesgo usuales para derrames.


“Afortunadamente sabía lo que estaba pasando porque trabajo para una compañía de hospicio, así que trato con muchas enfermeras, médicos y pacientes”, dice Roberts.
Se estaba peinando antes de ir al trabajo cuando sintió que las manos se le adormecieron. Se sentó y cuando intentó levantarse, cayó de rodillas. Cuando intentó levantarse nuevamente cayó al piso. Su hermana la encontró, llamó al 911 y Roberts fue llevada rápidamente al Memorial Regional Hospital en Hollywood, donde fue atendida por el centro integral de accidentes cerebrovasculares del hospital.
Luego de ser tratada por el derrame inicial, Roberts sufrió uno segundo, más serio, que le paralizó el lado izquierdo del cuerpo. Fue entonces cuando los médicos determinaron que el accidente cerebrovascular ocurrió como resultado de un aneurisma en el cuello lo que que causó que un coágulo pasara hacia el cerebro. El aneurisma no era parte de una condición genética. Los aneurismas anormales no son comunes, pero pueden ocurrir, independientemente de si se tienen factores de riesgo para esa condicián.
Como estaba en el hospital, los médicos pudieron atenderla de inmediato y romper el coágulo de manera que su condición mejoró de inmediato. En dos días ya estaba de regreso en su hogar.
“Durante un accidente cerebrovascular cada minuto cuenta. Aproximadamente 1.9 millones de neuronas mueren cada minuto y aumenta el riesgo de sufrir una lesión irreversible”, dice el Dr. Brijesh Mehta, director médico de accidentes cerebrovasculares y cuidado neurocrítico en Memorial, quien trató a Roberts. “Esta fue una historia de éxito, pero, desafortunadamente, no siempre es así”.
El cerebro está conectado al corazón a través de vías circulatorias, y muchas de las mismas condiciones que afectan el corazón pueden y afectan el cerebro. Las enfermedades del corazón y los accidentes cerebrovasculares comparten muchos factores de riesgo como fumar, dieta deficiente, obesidad, presión sanguínea alta. Otros factores como los contraceptivos orales, el embarazo y la terapia hormonal postmenopáusica dejan a las mujeres particularmente vulnerables a un accidente cerebrovascular y a sufrir una enfermedad del corazón. Las mujeres afroamericanas e hispanas tienen un mayor riesgo.
Los accidentes cerebrovasculares son la tercera causa de muerte entre mujeres y, de acuerdo con la Asociación Americana de Accidentes Cerebrovasculares, las mujeres sufren más derrames que los hombres. De acuerdo con la Asociación Americana del Corazón, las enfermedades del corazón son el asesino número uno de las mujeres. Las enfermedades del corazón matan en una tasa similar a todos los casos de cáncer, enfermedades respiratorias y diabetes combinados. Las mismas provocaron cerca de una muerte por minuto en 2011.
Hay nuevos desarrollos en el tratamiento de los accidentes cerebrovasculares y las enfermedades del corazón que mejoran las tasas de sobrevivencia, pero los médicos aún creen que la concientización pública es vital para ayudar a las mujeres a conocer los síntomas y minimizar los factores de riesgo para reducir el número de muertes.
Nuevos tratamientos como el uso de stentrievers, dispositivo como un catéter que se utiliza para abrir las arterias, permite abrir las de forma más efectiva en caso de accidentes cerebrovasculares. Medicamentos más viejos como IV tPA, que Mehta administró a Roberts, son efectivos para romper los coágulos de sangre en accidentes cerebrovasculares isquémicos. Sin embargo, IV tPA es efectivo solo si es administrado en las primeras tres a cuatro horas y media desde el comienzo del accidente cerebrovascular, por lo que es crucial conocer los síntomas.
Por su habilidad para administrar IV tPA a pacientes con accidentes cerebrovasculares en los primeros 60 minutos (“la hora de oro”) de su llegada al hospital, el Memorial fue designado como un programa “Elite Plus” por la Asociación Americana del Corazón y la Asociación Americana de Accidentes Cerebrovasculares. Sobre el 50 por ciento de los pacientes de accidentes cerebrovasculares de Memorial, recibe el medicamento en los primeros 45 minutos de su llegada.
“Hay muchas ocasiones en que las personas no llaman al 911 hasta pasar más de una hora después de experimentar un accidente cerebrovascular porque piensan que es un dolor de cabeza o que están cansados o se acuestan”, comenta Mehta. “Los datos demuestran que sobre un 60 por ciento de los pacientes esperan más de una hora antes de llamar al 911..”
El Dr. Robert Hendel es director de la división cardiovascular de UHealth y director de la unidad de cuidado cardíaco en el Hospital de la Universidad de Miami. Ha practicado medicina por 30 años y cree que a lo largo de su carrera han habido grandes adelantos en el tratamiento de las mujeres.
“Cardiólogos y neurólogos han comenzado a hacer investigaciones específicamente para mujeres. Por muchas décadas, aun en los Institutos Nacionales de Salud y a nivel de financiamiento federal, las mujeres estaban subrepresentadas en muchas pruebas clínicas”, dice Hendel.
Pero las mujeres siguen estando subdiagnosticadas y subtratadas para enfermedades del corazón, dice. Puede que a una mujer no se le realice una prueba de esfuerzo cuando la necesita, o que no le ofrezcan los medicamentos adecuados para tratar uno de los factores de riesgo como el colesterol. Comenta que, tan reciente como en el 2006, la brecha de sobrevivencia entre mujeres y hombres era “muy significativa.”
“Por muchos años, la enfermedad del corazón era vista como un problema de hombres”, dice Hendel. “Creo que hemos superado eso.”
Mientras tanto, Roberts continua trabajando como secretaria en cuidado de pacientes con VITAS Hospice, pero se da cuenta de lo cerca que estuvo de una tragedia.
“El Dr. Mehta me dijo que fui afortunada de estar en el hospital para el segundo, porque fue mucho peor. De haber esperado más tiempo quizás no hubiese recobrado el habla”, relata Roberts. “Aprendí que el tiempo es importante”.






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