!Dominicanidad!

>> 9 de julio de 2015

La dominicanidad siempre reinará en el centro del Caribe y ningún poder extranjero podrá apartarnos de nuestros cimientos forjados aquella noche del 27 de febrero de 1844, cuando nacimos como República libre y soberana.

El aliento de nuestros fundadores circula como oxígeno en nuestra sangre y por ese compromiso con nuestra descendencia, sabremos ofrendar nuestras vidas a cambio de la soberanía que absolutamente nadie podrá arrebatarnos.
Y es que cuando se trata de Patria no hay diferencias políticas ni sociales, no hay diferencias entre Balaguer, Bosch y Peña Gómez; todos caminamos en una misma dirección y bajo un mismo credo. Los más humildes son los más ricos en voluntad, y los ricos los más humildes en refl exionar que nada valemos sin libertad.
Hoy la Patria nos pide y nos ofrece la mejor oportunidad de vivir con dignidad si acudimos a su llamado.
Cuando los títulos son recompensa de la virtud, cuando aquel que ha servido a su patria tiene altruismo, entonces el que concede los honores tiene gloria, lo mismo que quien los recibe, porque el país se benefi cia de todos. Aquel que careciendo de méritos apela a los actos de sus antepasados para fundar su propia grandeza, es como el ladrón que reclama protección refugiándose en la traición.
Hoy más que ayer tenemos el compromiso de ser verdaderos dominicanos. Nuestra historia es rica en hazañas emancipadoras, deportivas, culturales; pero sobre todo, los dominicanos hemos enfrentado la ignominia, logrando colocarnos ante los ojos de Dios como un pueblo que ama la libertad que Él protegerá, preservando nuestra patria como recompensa al ideal sacrosanto de los próceres de nuestra independencia, cuando exclamaron: “Dios, Patria y Libertad”.
Levantar la Bandera de la dominicanidad es el compromiso ineludible que tenemos con nuestra descendencia para que crezcan con el honor de su identidad.
Ricky Noboa

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