Crisis migratoria europea: Paños tibios para un fenómeno que arde

>> 19 de septiembre de 2015

París y La Habana (PL).- La crisis migratoria europea es uno de los fenómenos más divulgados en el orbe a causa del recrudecimiento de un mal que cega la vida de miles de seres humanos y cuyas causas distan de ser combatidas. ¿Por qué aún no se han implementado acciones concretas y efectivas en tal sentido?, resulta hoy una interrogante sin respuesta en medio de una tragedia en la que la vida de los seres humanos pareciera no tener valor y ante la que la auténtica voluntad política de los gobiernos es esencial.


La Unión Europea (UE) propuso hace meses una serie de disposiciones como el establecimiento de cuotas por naciones para el recibimiento de personas sin papeles y la inhabilitación de embarcaciones empleadas en el tráfico humano. Empero, las medidas son blanco de frecuentes críticas, pues muchos las consideran limitadas e incapaces de dar una respuesta integral, a la vez que tampoco va a las verdaderas causas del fenómeno. Eso sí, abundan reuniones, debates y pronunciamientos sobre el tema, pero faltan resultados tangibles.

La Comisión Europea (CE) abogó recientemente por acciones concretas y por un mecanismo permanente de acogida de refugiados frente al agravamiento de la crisis migratoria en el llamado Viejo Continente. Al intervenir ante al Parlamento Europeo, en su sede de la ciudad francesa de Estrasburgo (este), el presidente de la CE, Jean-Claude Juncker, demandó a los Estados miembros de la UE que acojan un total de 160 mil refugiados llegados a Italia, Grecia y Hungría. Se pronunció porque esos seres humanos puedan tener derecho al trabajo y al estudio desde su llegada.

Sobre el establecimiento de un fondo fiduciario de emergencia, detalló que comenzará con mil 800 millones de euros procedentes de los recursos financieros comunes de la UE. El mismo estará dirigido a enfrentar la crisis en el Sahel, en el Cuerno de África y el norte de ese continente, con énfasis en las causas de la desestabilización, los desplazamientos forzados y la inmigración ilegal, apuntó Juncker.

Insistió en la importancia de implementar vías legales de inmigración hacia un continente envejecido como el europeo, cuya población se reduce. También adelantó que la Comisión va a presentar un plan en este sentido a principios de 2016.

El político luxemburgués consideró necesario reforzar la Agencia Europea de Fronteras Exteriores para convertirla en un verdadero sistema de guardias fronterizos y costeros.

En línea con lo anunciado por el presidente François Hollande, Francia apuntó que acogerá a unos 24 mil refugiados en los próximos dos años. Según el mandatario, la nación europea está dispuesta a cumplir con su parte, al tiempo que propuso la realización de una reunión internacional sobre el tema.

Sin embargo, la acogida en territorio galo se topa con la reticencia de algunos alcaldes partidarios de hacer distinciones religiosas para aceptar atender a esas personas. El ministro del Interior, Bernard Cazeneuve, calificó de funestas tales distinciones entre los refugiados cristianos y los otros. Los cristianos de Oriente deben ser socorridos, pero hay también musulmanes y miembros de otras minorías que son perseguidos con la misma barbarie.

El gobierno alemán apuntó que apoya las propuestas de Juncker. La canciller Angela Merkel dijo que "aquellos que buscan asilo y a quienes se les reconoce el derecho de asilo necesitan nuestra ayuda. Y hay que integrarlos rápidamente".

Los grandes grupos políticos del Parlamento Europeo apoyaron lo planteado por la Comisión con relación a los refugiados, pero con ciertas "acotaciones". El presidente del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, dijo sumarse a las palabras de Juncker sobre la urgencia de la crisis de los refugiados y la canalización de la inmigración legal.

Al mismo tiempo, señaló que conviene "no olvidar" que "dos tercios de los que llegan no tienen los requisitos de refugiados", y llamó a mejorar los controles de fronteras y las devoluciones de los inmigrantes económicos.

El presidente de los liberales, Guy Verhofstadt, arremetió contra la actitud de los países europeos que quieren traspasar la responsabilidad de la crisis de los demandantes de asilo a la UE como si ellos no formaran parte de ella.

Mi mensaje es que la Unión no está en crisis. Lo que está en crisis es la falta de Europa. La fórmula propuesta por la CE para compartir solidaridad con los países que más refugiados reciben es el buen camino, expresó.

Ese enfoque se repitió en los grupos de los Verdes y la Izquierda nitaria Europea (GUE). Empero, desde las bancadas xenófobas, hubo varios mensajes de miedo hacia los recién llegados y las críticas a las propuestas de acogida de refugiados de la CE.

"Sus políticas de asilo e inmigración se limitan a decir que venga todo el que quiera, y eso me parece una plaga de proporciones bíblicas", señaló el líder del Partido de la Independencia del Reino Unido, Nigel Farage, quien vinculó las llegadas masivas con el riesgo terrorista.

"Estamos viendo pruebas de que el Estado Islámico aprovecha estos flujos a Europa para que los yihadistas lleguen a territorio europeo", aseveró. Por su parte Marine Le Pen, del Frente Nacional, denunció lo que onsideró un plan "ultra inmigracionista" de la CE.

Desde los trabajadores también se levantaron varias voces. La Confederación Europea de Sindicatos reclamó a la Unión más inversión en empleo y servicios para que tenga éxito la integración de los refugiados.

Su liderazgo y propuestas son bienvenidas aunque están poco detalladas y aún hay que trabajar mucho en ellas, declaró.

Según datos de organizaciones especializadas, en lo que va de 2015 más de dos mil 760 inmigrantes murieron en su intento de cruzar el mar Mediterráneo, 500 más que en el mismo periodo del año anterior.

Sólo en los primeros cuatro días de septiembre, 58 seres humanos perdieron la vida al tratar de alcanzar las costas de Europa huyendo de los conflictos armados y la persistente violencia en sus países de origen.

La crisis migratoria europea ya carga en sus espaldas con el cementerio en el que se convirtió el mar Mediterráneo a causa de la insuficiencia de las medidas adoptadas hasta el momento. ¿Qué falta entonces para actuar con efectividad?

Crisis de refugiados: el boomerang de la guerra regresa a Europa

Las guerras que Europa fomentó en África y el Medio Oriente ahora regresan a su territorio como un boomerang y lo hacen en forma de refugiados: miles de personas que huyen de las balas y la miseria. De Afganistán a Libia, de Iraq a Siria, en todos los casos las potencias europeas (junto a Estados Unidos) estuvieron relacionadas con los conflictos armados, e incluso en algunos han intervenido.

En los días que corren, mientras la Unión Europea (UE) se dice desbordada con la llegada masiva de indocumentados, estados como Reino Unido o Francia forman parte de la coalición internacional que realiza bombardeos aéreos en Iraq o Siria.

Si bien la agresión está dirigida, formalmente, contra el grupo terrorista Estado Islámico, en la práctica afecta también a las poblaciones civiles, que se ven obligadas a huir a otros sitios lejos de los disparos, las bombas y el hambre.

Por eso no son 100 ni 200, son más de 500 mil los indocumentados llegados a Europa en lo que va de año, sin que el continente acabe de pronunciarse al respecto ni defina una estrategia conjunta para gestionar tal flujo.

Qué hará Europa con tantas personas es una interrogante cada vez más aguda en tanto el ingreso de foráneos no para de crecer a diario, ya sea por tierra a través de la ruta de los Balcanes, o por mar, principalmente el Mediterráneo.

Naciones Unidas reclama acciones urgentes a la UE mientras el Papa Francisco apela a la solidaridad y llama a acoger a los desposeídos.Con esos cantos de sirena, y en medio de una fuerte presión de la comunidad internacional, el grupo de los 28 no puede decidir cerrar fronteras para blindarse, aunque ello ya sería inútil dada la enorme cifra que está del otro lado.

Tampoco es una opción viable hacer deportaciones masivas: la mayoría de los foráneos procede de países castigados por la guerra, sobre todo Siria, y negarles el refugio sería incumplir las normativas internacionales que refrendan el derecho de recibir protección internacional cuando se huye de naciones en conflicto. Es decir, quizás puedan devolver a una parte bajo el pretexto de que se trata de migración económica, pero será solo una parte.

Dadas las circunstancias, todo parece indicar que de alguna manera Europa deberá arreglárselas para acoger a miles de refugiados, si bien hasta ahora brillan por su ausencia los planes concretos para organizar la admisión.

La Comisión Europea propuso desde abril un programa para distribuir en los 28 países del bloque regional a 40 mil refugiados a través de cuotas obligatorias, y tras el enorme flujo registrado en el verano, elevó la cifra a 160 mil.

Si bien estados como Francia se preparan para asumir su parte, calculada en unos 24 mil, otros como Hungría, Dinamarca y la República Checa son categóricos al afirmar que no pretenden participar en la iniciativa.

Los ministros de Interior de la UE se reunieron esta semana, una vez más, para intentar hallar un consenso, cita que terminó -otra vez- con una declaración política, pero sin acuerdos ni medidas prácticas.

Más allá de esa situación, uno podría ser optimista, pensar que finalmente ocurrirá el milagro y aceptarán el plan; sin embargo, se trata de un programa de 160 mil personas cuando los llegados son más de medio millón... ¿qué sucederá entonces con el resto?

Ciertamente, aprobar el asilo para 500 mil indocumentados sería un esfuerzo notable para una región acostumbrada a hacer mucho menos: en 2014 concedieron algún tipo de protección a 184 mil 665, la mayor cantidad de los últimos años.

No obstante, acoger a medio millón de personas podría no resultar tan complejo para un continente de más de 700 millones de habitantes, que reúne a varias de las potencias más industrializadas y ricas del planeta.

Frente a ello podría mencionarse el caso del Líbano, un pequeño país que según las Naciones Unidas, alberga él solo a más de un millón de sirios (independientemente de los conflictos internos generados por esa situación), además de los miles de palestinos que ha recibido durante décadas.

La comunidad internacional sigue aguardando una respuesta europea ante la crisis, y de acuerdo con los pronunciamientos, se espera que no sea al estilo de Hungría.

Además de negarse a participar en el plan de acogida, Budapest eleva vallas en su frontera para impedir el ingreso de los foráneos y estableció leyes dirigidas a penalizar con deportaciones y cárcel a quienes ingresen de manera ilegal.

En el mundo crece la expectativa en torno a qué hará Europa con los indocumentados, en un contexto en que solo serán bien vistas posturas abiertas, constructivas y solidarias.

Por: Masiel Fernández Bolaños es corresponsal de Prensa Latina en Francia y y Luisa María González, periodista de la Redacción Europa.

Publicar un comentario en la entrada

  © Blogger template Webnolia by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP