¿Para qué es el poder político?

>> 25 de octubre de 2015

El escritor, historiador, humanista y maestro de la política, demócrata a carta cabal, el insigne prócer dominicano, el profesor Juan Bosch, en sus constantes alocuciones radiales siempre orientaba en cada una de sus esperadas charlas que el poder debía ser utilizado para servir a los demás, sobre todo a los más necesitados, para solucionar las necesidades y los problemas sociales que padecen nuestras comunidades; siempre con humildad, honestidad y convocación de servicio.


Cuando se habla de servir a los demás, no es solamente a los que pertenecen al partido de gobierno, es a todos en sentido general. Jamás este poder debe ser utilizado para servirse del mismo, para aplastar, ofender, humillar ni mucho menos para destruir a nadie.
El poder se obtiene a través de una elección popular por un período determinado, o por medio de una designación de parte del Poder Ejecutivo, para hacer un uso racional, eficiente, eficaz y trasparente de los recursos públicos con que cuenta la institución a la cual se ha escalado.
Es responsabilidad del incumbente rendir cuentas del manejo dado a dichos recursos, ya que no se le puede dar un uso discrecional e irracional a los mismos, pues no son de la propiedad de quien los administra.
Es penoso ver cómo algunas personas, que ocupan cargos públicos, derrochan los recursos públicos sin ningún pudor, lo que se convierte en una burla, afrenta y una ofensa a la sociedad en general y a la población más vulnerable, sobre todo, cuando existen tantas necesidades insatisfechas que demandan la atención del Estado.
Muchas veces son designadas en posiciones para las que no cuentan con los atributos necesarios para desempeñarlas y actúan con desenfreno, arrogancia, prepotencia; son presumidas y se aferran al poder como si éste fuera de su propiedad, sin tomar en cuenta que los cargos son pasajeros.
La lección aprendida del Maestro es de que mientras más encumbrado sea el cargo público, con más humildad se debe actuar, pues así seremos mejor valorado por la sociedad.
Es lamentable ver cómo algunos funcionarios, de segunda y tercera categoría, ofenden y maltratan con insolencias, arrogancia y prepotencia, a los ciudadanos humildes y hasta a las autoridades que quieren cumplir con sus responsabilidades, amparadas en la posición o en alguna autoridad superior. De ahí que se debe empoderar a los funcionarios que quieren actuar aferrado a la ley y a los principios morales, nunca desautorizarlos.
Siempre se debe actuar desde una función pública y privada, de la manera más humilde y equilibrada posible. Así se obtiene respeto y consideración para cuando llegue el momento de abandonar el cargo, sea por haber vencido el plazo, por renuncia o por destitución, no exista la necesidad de tener que ausentarse de su entorno, de la familia o amigos, por sentir el temor de ser rechazado, sino todo lo contrario, orgulloso y satisfecho del deber cumplido.
El poder es para defender el patrimonio nacional, es decir, los recursos públicos que son de todos. De ahí que las personas que sean escogidas o designadas para ocupar un cargo público, deben ser personas íntegras y con vocación de servicio probada, ya que en esos atributos es
que radica el verdadero liderazgo y el poder político.
Por Alfredo Cruz Polanco

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