Parece que estamos frente a un Psicópata

>> 19 de marzo de 2016

En solo dos ocasiones nos hemos detenido a observar al señor Blas Peralta, la primera cuando fue entrevistado por Nuria Piera la misma noche del asesinato de Mateo Aquino Febrillet, y la segunda el día de ayer cuando se dirigió al tribunal en el conocimiento del pedido de medida de coerción por parte de la fiscalía.


La frialdad, falta de sentimientos, carencia de emociones, capacidad de mentir, entrar en contradicciones en su versión de los hechos sin tomar en cuenta que los demás podrían cuestionar los relatos que construye en su mente, son propios de las personas que se califican como psicópatas.

Que hablemos de Blas Peralta como una persona con rasgos psicopáticos, no significa que es un enfermo mental, situación que podría argüir en un tribunal como excusa para no asumir su responsabilidad ante el terrible crimen que se le imputa.

Mas bien un psicopata es alguien que es incapaz de situarse en el lugar de los demás, entender su pena, el dolor que causa con sus acciones violentas, y se puede afirmar que carece de los sentimientos que caracterizan a los seres humanos.

El psicopata es capaz de relacionarse con los demás, puede socializar y poseer un desarrollo intelectual normal, sin embargo sus relacionados son percibidos como meros objetos por lo que una persona se convierte en una cosa que usa para satisfacer sus fines, cualesquiera que sean, y por lo tanto puede ser desechado en cualquier momento.

Como son individuos insensibles al dolor de los demás, no tienen conciencia de que sus malas acciones producen las categorías que denominamos el bien y el mal, por esto se convierten en sociopatas, es decir, un peligro para los demás por un comportamiento que lo lleva a causar daño sin tener remordimiento.

Pues cuando vimos a Blas Peralta en la entrevista con Nuria, lo que notamos es una persona fría, que es capaz de poner en su cuenta en la redes sociales un listón negro en señal de duelo por la muerte de una persona a la cual, según dice la fiscalía, todas las pruebas lo señalan como la persona que haló del gatillo para causarle la muerte.

Hablamos de alguien a quien no se le ve nervioso, no se le nota temblor en las manos, afirma que cuando se produjo el tiroteo iba camino a Jarabacoa (en la audiencia dijo que tenia una caravana proselitista en Villa Altagracia), sin dudar dice que nunca ha usado armas de fuego y que camina solo por las calles del país.

Solo que la grabación del teléfono del coronel de la policía a quien llamó o escribió dada a conocer en la prensa, lo que muestra es a un individuo que tenía como única preocupación el encubrimiento del crimen, las acciones necesarias para cambiar el arma con que disparó y la desaparición de todo objeto o video que pusiera incriminarlo.

Es decir, a las 3 o 4 horas de haber cometido el hecho, Blas Peralta es capaz de presentarse en la televisión nacional, frente a una de las periodistas mas difíciles de la prensa nacional, y sin tapujos intentar engañar a todo el país, al cual visualiza solo como un objeto o una cosa.

En la audiencia lo que vimos es la misma acción de un personaje que ya tenía historias de haber estado implicado en varios hechos de sangre, entre ellos la muerte del sindicalista Camilo Lespín Almonte en el año 2009, cuando se dirimía un conflicto entre el sindicato de camioneros de Maimón y Fenatrado.

Algunas versiones cuentan que Peralta le disparó a la cabeza a Lespín matándolo en el acto, para después autoinflingirse una pequeña herida, internarse en una clínica y enviar a uno de sus espalderos a inculparse del crimen, como forma de quedar libre de culpa y seguir dirigiendo su sindicato como si nada hubiera pasado.

Estamos frente a uno de los monstruos insensibles que está produciendo esta sociedad, llena de psicopatas para los que la vida humana es intercambiable por un paquete de papeles llamado dinero, sin pensar en el dolor y la tragedia que provocan en las muchas familias que han sido objeto de sus acciones.

Es casi seguro que por el alto perfil del crimen cometido, los implicados en el crimen de Aquino Febrillet encabezado por el acusado Blas Peralta y los que intentaron encubrir el crimen, sean condenados por un tribunal, que al final es el escenario donde se declarará o no su culpabilidad y su castigo.

El miedo que nos corre por el cuerpo es porque este tipifica a los cientos de delincuentes que interactuan diariamente en nuestra sociedad, amparados bajo el manto de organizaciones como sindicatos o partidos políticos, que son capaces de mirarnos como objetos porque no han desarrollado el remordimiento o la conciencia para saber lo que vale una vida humana.

Por Humberto Salazar

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