¡Cuidado! Cuba vende visas, niega la entrada y no devuelve el dinero

>> 25 de abril de 2016

Pero tener la visa no significa que te dejen entrar
En esta nueva era de acercamiento, el gobierno de Estados Unidos ha levantado casi todas las restricciones a los estadounidenses que desean viajar a Cuba, y eso es algo bueno. Porque después de todo somos un pueblo libre.


Pero, ojo: el gobierno cubano es tan represivo como siempre. Y las arbitrarias reglas de Cuba, y las política de no reembolsar el costo de pasajes y visa tanto de las agencias de viajes de Cuba como de Estados Unidos, hacen que reservar un viaje a la isla sea algo arriesgado.
Como parte de su plan para mantener el fuerte control en la isla, y a la vez cobrar los dólares a una nueva ola de viajeros estadounidenses, el gobierno cubano está vendiendo visas a granel.
Pero tener la visa no significa que te dejen entrar.
Algunos estadounidenses no experimentan problema alguno. Pero otros llegan a La Habana y, después de gastar cientos de dólares en el boleto aéreo y la visa, los envían de regreso a Miami.
Usher, Smokey Robinson y Dave Matthews —las estrellas de una delegación de 33 miembros— estuvieron en Cuba haciendo diplomacia cultural. Pero esto fue lo que le sucedió a Arturo Villar, el editor miamense de Hispanic Market Works, ciudadano estadounidense nacido en España de madre cubana y partidario del acercamiento con Cuba. Su historia es la misma de otros ciudadanos estadounidenses de diferentes orígenes, particularmente cubanoamericanos que creen en el acercamiento y que han intentado viajar a Cuba recientemente.
Inspirado por la apertura, Villar decidió asistir a una reunión familiar en la pequeña localidad de Caibarién y visitar amigos en La Habana, y compró un boleto a Gulfstream Air Charter.

“Insistieron en que comprara una visa, que cuesta $85, además de los $349 del boleto de ida y vuelta”, me dijo Villar. “Yo me alegré, pensando que no tendría problemas en el Aeropuerto José Martí. Por supuesto, estaba equivocado”.
Fue llevado a un salón y los agentes cubanos le preguntaron por una historia que había escrito para el diario The Wall Street Journal hace 23 años sobre la dolarización de la economía cubana. Villar, que ahora tiene 82 años, estaba en una visita familiar cuando se enteró de que Fidel Castro estaba listo para tomar la importante medida. La historia fue una primicia, reconocida en Estados Unidos como buen periodismo pero tabú en Cuba.
Así descubrió, cuando lo hicieron subir a un avión de regreso a Miami cinco horas después de aterrizar, que el gobierno cubano no perdona.

“Es insultante, es una decisión retrógrada”, dijo Villar. “Esta apertura es un cuento. Ellos hacen lo que quieren y no hay consecuencias. Es terrible”.
Igual de terrible fue la reacción de la compañía estadounidense que le vendió la visa y el pasaje aéreo: No se devuelve el dinero, y no dan explicaciones.
“Me dijeron que ellos no son responsables de las decisiones de Inmigración en Cuba”, explicó Villar. “Me dijeron que comprar la visa es obligatorio. Y entonces me dijeron que reciben paquetes de visas del gobierno cubano y se las venden a los pasajeros. Sin hacer preguntas. Les pregunté si eso era ético o legal. La respuesta fue una sonrisa cubana, como diciéndome ‘No me jodas’. Eso es una estafa, ¿no?”
Sí es una estafa, y el dueño registrado de Gulfstream, Ernesto González, no me devolvió una llamada y un mensaje en que le pedía su comentario al respecto.

El asunto de vender visas a granel y luego negar la entrada será relevante también con los cruceros “culturales” programados a Cuba por parte de la línea Fathom. En cumplimiento de una ley cubana que prohíbe a los cubanoamericanos llegar al país por mar, Fathom se negó a aceptar reservaciones a ciudadanos estadounidenses nacidos en Cuba. El lunes 18 de abril, Carnival anunció que la empresa cambiaba esa práctica discriminatoria y aceptaba reservaciones de estadounidenses de origen cubano, con la esperanza de que el gobierno cubano cambiara la ley. El viernes 22 de abril, Cuba anunció que ha decidido permitir a los cubanoamericanos viajar por mar a la isla. Si salieron del país después de 1971, deberán viajar con un pasaporte cubano actualizado y con todos los permisos de entrada que aún impone el gobierno de la isla. Los que llegaron a Estados Unidos antes de esa fecha, pueden viajar con el pasaporte estadounidense si obtienen una visa especial de Cuba. Los precios oscilan de $1,800 por un camarote interior, a $7,350 por una suite; los cargos de puerto son $283 por pasajero.
Ya sea por aire o mar, es mejor preguntar qué es reembolsable y qué no, en caso que le nieguen la entrada inesperadamente, como ha sido el caso de Villar y otros. Con Cuba nadie sabe qué mancha, vieja o nueva, existe en los archivos secretos de este estilo soviético de comunismo y represión.
Ningún presidente estadounidense ha logrado cambiar la naturaleza arbitraria y vengativa del régimen cubano. Quizás es demasiado pronto para decirlo con seguridad, pero es posible que al presidente Barack Obama no le vaya mejor. Al menos eso es lo que parece, a juzgar por el endurecimiento de las posiciones del gobierno cubano tras la visita de Obama.
Los estadounidenses embelesados por el acercamiento están haciendo negocios —a cualquier costo— en esta era del deshielo.
Pero, ¡cuidado con la visa!.



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