La realidad dominicana por encima de nuestra voluntad

>> 11 de mayo de 2016

La triste realidad dominicana no puede taparse con una hoja de uva de parra; una cosa es lo que anhelamos, ansiamos y aspiramos disfrutar, y otra la que no podemos desconocer aunque sea fea, dañina y degradable. Debemos ser consecuentes y con claridad decir lo que sabemos y vemos, lo que no podemos olvidar porque lo vivimos a diario.


1.- Las distintas clases sociales que convergen en nuestro país, por estar alimentadas  de idénticos vicios sociales, tienen igual forma de comportamiento. Las inconductas notorias en amplios segmentos de la sociedad dominicana es una demostración de que hay homogeneidad en el incorrecto proceder;  la igualdad en el mal actuar se profundiza cada vez  más,   en la medida que se hace más degradante el  actual ordenamiento social.
2.- Cuantas veces en nuestro país se realizan actividades en las cuales participan amplios sectores de  la comunidad,  observamos que la forma perniciosa de operar es la misma, se da una especie de sintonía plena; se mueven con una similitud que cualquiera llega a pensar que se han puesto de acuerdo para no  discrepar en nada.
3.- Para un conglomerado moverse en igual sentido tiene que haber unidad de pensamiento; un gentío no acciona colectivamente a no ser que exista coincidencia en el objetivo a alcanzar, en la meta trazada. La  analogía en el sentir hace posible el común accionar;  la semejanza de propósitos permite dirigir los  pasos por iguales caminos.
I-El actual proceso electoral
4.-  Los procesos electorales dominicanos contribuyen a que se conozca el grado de descomposición  social que desde hace muchos años existe en el país, y se agrava más cada día. Las actividades que realizan los diversos partidos y candidatos, como reuniones, caravanas, concentraciones, bandereos, etc., dibujan la realidad, es  una especie  de radiografía del cuerpo social dominicano.
5.- En los periodos electorales sale a flote la podredumbre presente en el ambiente dominicano, que solo espera la ocasión para  dejarse  ver, hacerse sentir como porquería social. El individuo curtido en la vagabundería, ese personaje facineroso, esencia de lo nocivo, y el descaro, se exhibe para ponerse en venta a cualquier precio y por lo que ofrezca un candidato de catadura moral igual a la suya.
6.- Durante los comicios dominicanos, al  casquivano, liviano y veleidoso es común verle haciendo  acto de presencia como elector ofertante de su voto. No es casual que el sinvergüenza adquiera notoriedad política cada cuatro años; su importancia  como mercancía electoral es coyuntural, con la ventaja   de que  no importa que esté achacoso o flamante, estropeado o nuevo, agrietado o entero; conserva su valor porque en votaciones de iguales,  en elecciones de negocios, todo tiene valor, hasta el papel higiénico usado como  desprecio al voto o papeleta.
7.- En nuestro país, el voto y la generalidad de los votantes han sido desvaluados por los mismos actores políticos que participan en las elecciones, porque las han convertido en mercado de la politiquería. De ahí que cada vez más se presentan descoloridas, desteñidas, pálidas y desvalidas. Hace falta que surjan procesos electorales, vivos, intensos, en los cuales el pueblo se sienta como actor político, no como ocurre ahora, que se le trata como un artículo de poca monta.
8.- En la actualidad, el pueblo dominicano está siendo testigo de un proceso electoral que ha hecho posible desnudar, destapar el sistema; descubrir su infuncionalidad; lo destartalado que está;  lo escacharrado y menguado que se encuentra. Las masas populares no se sienten motivadas políticamente porque están viendo más de lo mismo.
II-Lo que pinta el actual proceso electoral
9.- En el proceso electoral lo único  que está sirviendo de estímulo es el pago, la donación. No se observa causa decente,  generadora de movilización popular;  no existen razones fundamentadas en conquistas sociales, ni impulsos por causas liberadoras. El votante se desplaza por dádivas;  no se agita  por las palabras de un líder   motivador; no se siente inducido por un   cambio serio, ni impresionado por un programa político efectivo.
10.- El ambiente electoral actual es propicio para la persona que se  presta a las triquiñuelas y al engaño;   no hay espacio para quien se respeta  políticamente como decente y honesto. El  terreno es adecuado para los apegados a las bellaquerías y maldades; esto es para el tremebundo, el siniestro de proceder morboso.
11.- Los actuales comicios están  empañados por el tigueraje chaquetero; confusos por los acuerdos de aposentos; sospechosos por los engaños entre los compañeros; embrollados por los conciliábulos, ydescansando en ser ruidosos, escandalosos y desordenados. Así no se hace  política de altura; lo que estamos viendo es, más que una contienda electoral en un país civilizado, una lucha de fieras en la selva.
12.- No podemos desconocer, comportarnos con ingenuidad, sabiendo que lo que estamos viviendo hoy en la  politiquería dominicana es fruto de la mala semilla que sembramos en un sistema que no sirve, fundamentado en la desigualdad y en la moral de cafres. El país padece un ordenamiento económico y social desprovisto de sentido humano, carente de los valores que elevan a la persona por sus virtudes cívicas y ciudadanas. Estamos en un medio  en el cual se ha impuesto la mercancía dinero sobre el decoro, la dignidad y la vergüenza.
13.- Aquí, algunos sectores se sienten alarmados porque cada día se dan cuenta que estamos viviendo en un país moralmente destruido, políticamente despedazado; económicamente quebrado; con el  sentido de comunidad estropeado; los servicios públicos inservibles, en fin, la sociedad dominicana está aniquilada, sacrificada, arruinada económica, social, política, ética, institucional y moralmente.
III-La triste realidad que vivimos
14.- La triste  realidad dominicana no puede taparse con una hoja de uva de parra; una cosa  es lo que anhelamos, ansiamos y aspiramos disfrutar, y otra la que no podemos desconocer  aunque sea fea, dañina y  degradable. Debemos ser consecuentes y con claridad decir lo que sabemos y vemos, lo que no podemos olvidar porque lo vivimos a diario.
15.-   La realidad es que el sistema social que padecemos genera desigualdad, miseria, pobreza, corrupción, violencia, criminalidad y por qué no decirlo, procesos electorales que más que escenarios políticos, son mercados donde todo se compra y se vende, desde la desvergüenza, la inmoralidad y el transfuguismo, hasta los votos.
16.- Es pura hipocresía pretender comparar la sociedad en la cual aspiramos vivir, con la que  ahora padecemos. Toda persona de bien  quiere desarrollar sus actividades en un círculo de hombres y mujeres decentes, y no como el dominicano de hoy que da lástima, motiva pena y asco.
17.- Quiere engañarse a sí mismo y confundir a los demás, aquel que cree que nuestro país está formado por una mayoría de íntegros, honestos y virtuosos, y no como realmente existe, compuesto por corrompidos, corruptos, deshonestos y degenerados. No nos engañemos, aquí se está respirando un aire horroroso, sumamente horrible, nada apetecible para quienes aspiramos a vivir en un medio maravilloso.
18.-  Es un soñador despierto, idealista trasnochado y utopista de siglos pasados, aquel que busca sustraerse a la realidad de nuestro país, y pretende no ver lo que está a la vista de todos y todas. Lo  ideal  fuera que nos  acostemos una noche con  la sociedad que tenemos hoy,  y después de una larga pesadilla despertemos con una comunidad humana nueva en la cual podamos vivir como  seres humanos sensibles y no como  bestias.
19.- Seria muy saludable que los dominicanos y las dominicanas que todavía creen vivir en un país viable, indaguen un poco, pregunten, procedan a tantear a personas sensatas con relación al medio social donde estamos viviendo, y sí el mismo está sano o enfermo, es acogedor o insoportable, atractivo o repugnante.
20.- Todos  aquellos que nacimos en este país, y los que lo han asimilado como suyo, quisiéramos decir en alta voz que nuestra nación es acogedora, ideal para vivir con garantía personal, altamente celestial, que es algo así como un paraíso terrenal; que somos bienaventurados por haber nacido y vivido en este  territorio, libre de políticos ladrones, criminalidad, mentirosos, corruptos y truhanes de todos los calibres, y nos sentimos felices por estar en este agradable terruño.
21.- Los politiqueros hipócritas, farsantes, simuladores y manipuladores, quieren hacerles creer al pueblo dominicano que merece vivir en el pantano social que está  viviendo, y que cada día se hunde más en el fangar que lo han metido los insaciables que han controlado el país y se mueven muy bien en cualquier atolladero.
22.- En el medio social dominicano se han entrelazado factores diferentes que han  posibilitado la presencia de políticos  influyentes  por  la práctica  de la mentira, el engaño, el chisme y desarrollan a su más alto nivel el chanchullo politiquero. Con semejante material humano, viciado hasta el tuétano, no le es posible a un país disponer de ciudadanos y ciudadanas veraces, auténticas con calidad para servir de buen ejemplo.
Reflexiones finales
a.- Al expresar mi sentir con relación del penoso cuadro que pinto de mi país no estoy dominado por el desánimo, desaliento, pusilanimidad, ni abatimiento alguno; por el contrario, vivo lleno de energía y con mucho entusiasmo; me sobran los bríos, la firme decisión y la sana voluntad de ver mi pueblo liberado, viviendo en condiciones diferentes a las de ahora.
b.- Es duro decirlo, pero si no queremos faltarle a la verdad,  con franqueza  tenemos que admitir que la buena conducta, el honor y la hidalguía han desaparecido de nuestro ambiente; que hay escasez de moralidad y ética; insuficiencia de honorabilidad, déficit de civismo; se ausentó la honradez y le dio paso al robo; ha triunfado la desfachatez sobre el respeto, el descaro sobre la prudencia, y el cinismo sobre la sinceridad.
c.- Lo de nuestro país y su deterioro material, espiritual, ético, moral y de civismo es más grave de lo que  algunos se resisten a creer, aunque la verdad les da a cada momento en su cara.  Aquí está dominando el sinvergüenza, canalla, granuja y el vagabundo en toda su extensión. El decente y recatado perdió su espacio frente al desfachatado y desvergonzado.
d.- El pus que supura el rampano que es la sociedad dominicana, se observa con claridad en el curso de las campañas electorales, cuando sale a la calle mucha de la porquería política; se ve la secreción que emana de cada órgano  podrido  del medio social del país,  que son las heridas purulentas infectadas y, como es natural, sobresalen malolientes en el ambiente contaminado que estamos viviendo.
e.-  La resquebradura que afecta a nuestro país se extiende a todas las clases,  capas y sectores.  La  enfermedad ha penetrado  profundamente, contaminando a los de arriba, a los del medio y a los de abajo. De ahí que la labor de sanación que se haga tiene que ser de una profundidad tal que elimine la tumoración   que ya ha hecho metástasis. Cerrar  los ojos   ante la gravedad del paciente es aceptar que siga agonizando en su muerte lenta, pero inexorable.
Ramón Antonio (Negro) Veras
Abogado, ciudadano público, luchador por la libertad.
New York, 06 de Mayo de 2016.

1 comentarios:

Alicia 5/12/2016 2:06 a. m.  

Que pena se daño nuestro paraíso

Publicar un comentario en la entrada

  © Blogger template Webnolia by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP