Una Victoria Demasiado Obscena

>> 20 de mayo de 2016

El presidente Danilo Medina, reelegido por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), dio una paliza de tal nivel en las elecciones del vecino país, que simplemente es inevitable pensar que algo anda mal en la democracia quisqueyana.

Medina y el PLD ganaron la presidencia con el 61% de los votos y se alzaron con una mayoría absoluta en el Congreso y las alcaldías, garantizando su poderío por los próximos cuatro años.
Ese despliegue de solidez electoral no fue visto ni en los mejores años de Joaquín Balaguer y su omnipresente Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), lo cual provoca a hacer un análisis profundo de cómo es posible que un triunfo así se logre en una democracia moderna.
Es cierto que Medina ha sido muy eficaz en lograr un desarrollo económico sin precedentes, balanceando la riqueza del capital con importantes obras sociales para beneficio de los más pobres. El presidente dominicano ha logrado un balance casi perfecto entre dar baile, botella y baraja al pueblo, mientras alimenta a la importante oligarquía dominicana con un flujo de capital casi constante que los está haciendo más millonarios que nunca.
Medina es, en pocas palabras, un populista inteligente, que se ha afincado en un modelo neoliberal mezclado con visos de socialdemocracia, que lo ha consolidado en el poder con una facilidad pasmosa.
El tema central en todo este asunto, sin embargo, es que en República Dominicana nadie parece hacerse la pregunta de mayor pertinencia: ¿de dónde sale toda esa riqueza?
Es cierto que República Dominicana ha logrado altos niveles de inversión extranjera, la mayoría de empresarios venezolanos que salieron huyendo de su país con su dinero ante el cambio social impulsado por Hugo Chávez. Igualmente, muchos europeos han comenzado a invertir en el país, mayormente en el turismo, y empresas manufactureras que se han asentado allí aprovechando la mano de obra barata.
Pero, ¿eso da para tanta riqueza? Porque aquí se nota que está corriendo el dinero, con construcciones multipisos por doquier, ventas de carros de lujo a mansalva y centros comerciales ultramodernos llenos todo el tiempo. A mí, sinceramente, hay algo que no me cuadra.
Lo que se dice por debajo de la mesa, de esas cosas que no se hablan en público, es que el narcotráfico se ha apoderado de la estructura económica dominicana, que esos enormes edificios en realidad están vacíos y son frentes de lavado, que esos carros se compran en efectivo a precios descomunales, que el gobierno en realidad se está endeudando a niveles insospechados y que se espera que el milagro de República Dominicana truene en menos de una década y veremos allí la próxima Grecia o el próximo Puerto Rico.
Ninguna de esas realidades se habló en voz alta en la campaña electoral, pues hubo cierto silencio cómplice de diversos sectores, porque lo cierto es que mucha gente guisa de este esquema cuestionable que se ha montado en República Dominicana.
Es de ese mismo sistema que ha salido el dinero para sostener la maquinaria política del PLD. De allí se financió un operativo político y electoral que básicamente dejó a la oposición sin posibilidad alguna de conseguir plantar bandera al oficialismo.
La candidata presidencial Minou Tavárez Mirabal, quien salió corriendo de las entrañas del PLD por estar en contra de ese gigantismo cuasi dictatorial, resume la realidad política dominicana con mucha maestría.
“La democracia en República Dominicana es un ejercicio en desarrollo que no acaba de cuajarse. En República Dominicana no hay democracia real”, afirmó a El Nuevo Día la candidata de minoría, quien batallaba por alcanzar el 1% de los votos en la elección presidencial.
Y creo que ella tiene razón. En estos tiempos de tanta polarización ideológica, que un candidato logre una victoria demasiado obscena, como lo hizo Medina, debería levantar sospechas, pues algo torcido hay en esa democracia. Sólo espero que el opositor Luis Abinader se convierta en esa figura de balance a un gobierno que lo controla todo, por el bien de un país hermano, precioso y al cual le tengo un cariño especial.
elnuevodia.com

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