Excelente labor de la asistencia y protección en las carreteras

>> 17 de julio de 2016


Hay muchos dominicanos que piensan, que cuando se hace elogio de un servicio público eficiente, se está adentrando en el campo de loas hacia determinado estamento del Gobierno. Nada más falso. 

Debemos reconocer y elogiar servicios públicos necesarios, eficientes y gratuitos, como la ayuda que ofrecen las camionetas del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) y las Fuerzas Armadas, en las principales vías de comunicación del territorio dominicano.

He sido beneficiado directamente con dos asistencias e indirectamente vía mis hijos de dos adicionales, estas dos últimas las considero excepcionales, el 911 y el programa de Asistencia y Protección Vial de MOPC.

Como consecuencia del accidente en el cual me fracturé la cadera, lo cual me impide hacer labores que impliquen hasta esfuerzos moderados, tuve un pinchazo en mi camioneta cuyas gomas son bastante pesadas, lo que me impedía montarlas Yo, o mi señora que iba conmigo. Desesperados llamamos al teléfono 829-688 1000 y en un santiamén apareció una camioneta nueva con dos militares, que al ver nuestra situación, inmediatamente sacaron el gato y la llave de ruedas de mi vehículo, y la cambiaron, lo que permitió que siguiéramos nuestro camino. Creíamos que teníamos que pagar el servicio y nos llevamos la inesperada sorpresa de que ese servicio era gratuito, como consecuencia del peaje que pagamos por la utilización de la autopista.

En otra ocasión, cuando sufrimos otro reventón, al descender la goma de repuesto que no habíamos utilizado por años, comprobamos que la misma estaba vacía. La camioneta que nos auxilió, no solo sus ocupantes nos quitaron la averiada, sino que la montaron en su vehículo y la llevaron donde un gomero que estaba cercano en la carretera y la trajeron arreglada. Además, tuvieron la gentileza de cambiarla y acomodar la goma de repuesto.

El sábado pasado, mis dos hijos procedían en una camioneta a remolcar un bote en su tráiler. Salieron desde Santo Domingo a las cinco de la tarde a velocidad moderada. Antes de llegar al peaje de la circunvalación de La Romana, un neumático estalló, al parecer por el tiempo que tenía inamovible. Esto ocurrió a las 8:00 P.M. Sin haberla llamado, apareció una camioneta de la MOPC con dos militares. Como el remolque no tenía goma de repuesto, el conductor se brindó para llevar mi hijo a comprar un neumático en La Romana y cambiar el averiado. Como era de noche, el otro acompañante se quedó con mi otro hijo hasta que el vehículo regresara. Le agradecí ese gesto, ya que sé cómo asaltan a los ocupantes de vehículos averiados en la carretera, por experiencia propia.

Al continuar la ruta hacia Bávaro, al pasar el peaje próximo a la salida para Higüey, el mismo neumático se despedazó debido a que era de segunda mano. De nuevo, apareció otro vehículo de la MOPC que se brindó para llevar mi hijo a Higüey para comprar otro. El problema era que el reloj marcaba la medianoche, un sábado y los gomeros y repuestos a esa hora estaban cerrados. Gracias a un amigo que llamamos y que conocía un vendedor de gomas y repuestos, se pudo solucionar el problema; sin embargo la camioneta retornó al lugar de la avería, a las 2:00 A.M.

Finalmente, mis hijos pudieron continuar su camino y no tuvieron más percances hasta llegar a Bávaro. El agradecimiento que le debemos a estos abnegados servidores públicos que laboran sin descanso veinticuatro horas es imperecedero, ya que como hemos apuntado, hay vehículos particulares, especialmente en la noche, que se detienen y fingen prestarse para ayudar y son vulgares asaltantes que te despojan hasta del vehículo.

Relataremos este episodio, para aquellos incautos que se equivocan con las asistencias. Recogimos en una ocasión, un señor mayor que nos hacía señales desesperadas para que nos detuviéramos. Así lo hicimos y la historia que nos relató era desgarradora. Dos jovencitas con libros debajo del brazo le pidieron una bola y él pensando que eran universitarias como sus hijas, las montó, llevándose la sorpresa que lo encañonaron, robándole la cartera y su vehículo, dejándolo a pie y sin recursos. Ojalá que este episodio sirva de advertencia a los cándidos.


POR JOSE ANTONIO MARTINEZ ROJAS

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