Ante las redadas, habrá que andar con el pasaporte en el bolsillo

>> 27 de febrero de 2017

Que comiencen las redadas, decreta el presidente Donald Trump –y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) se apresura a obedecer, con órdenes que instruyen a los agentes federales de todo el país a que identifiquen, detengan y deporten de inmediato a cualquier inmigrante indocumentado que se encuentren.


Ciudades de inmigrantes como Miami se convertirán muy probablemente en terrenos de caza.
¿Qué significa esto para nosotros? Que así de simple –como lo prometió Donald Trump, el candidato– hemos llegado al estado policial. Ahora un agente federal tiene en sus manos el poder de ser juez, jurado y verdugo.
Como dice el anuncio de tarjeta de crédito: Su pasaporte –no salga de casa sin él.

Estas órdenes vagas y de amplio alcance dan carta blanca al DHS y abren de par en par las puertas a la persecución de personas en base a su procedencia étnica en ciudades con grandes cantidades de inmigrantes como es el caso de Miami, la cual está en el sexto lugar de la lista de 20 áreas metropolitanas que sirven de hogar a seis de cada diez inmigrantes indocumentados en Estados Unidos, según el Centro Pew de Investigaciones.
Los agentes de Trump no van a enfocarse en las personas de Europa y Europa del Este con visas vencidas cuando salgan en busca de indocumentados, sino en aquellos de nosotros que nos parezcamos al estereotipo de la persona “de color” de América Latina y que hablemos español. Muchos de los latinos partidarios de Trump que me escriben alardeando de sus perfectas vidas “legales” y que me insultan en las redes sociales también estarán expuestos a este estereotipo. Los puertorriqueños, que son ciudadanos estadounidenses, se podrían convertir en blanco de los ignorantes como ya ha ocurrido en la Florida.

Sí, van a tener que andar con el pasaporte o el certificado de nacimiento encima. El poder está en manos de un círculo casi nazi, una especie de gobierno gris del que Trump se ha rodeado en la Casa Blanca. El complaciente Congreso republicano tampoco ayuda. Trump se lo llevó todo en las elecciones, incluyendo nuestra paz y nuestro sentido de seguridad enraizado en nuestros preciados valores democráticos y en nuestra confianza en las instituciones.
En el escaso tiempo que Trump lleva en su cargo, en esto es lo que se ha convertido la vida en Estados Unidos: personas aterrorizadas reportando y fotografiando furgonetas de ICE en sus vecindarios. Redadas nocturnas como la que se llevó a cabo en Seattle, cuando Daniel Ramírez fue despertado por ICE en su cama, detenido y marcado para la deportación a pesar de estar cubierto por una orden de protección legítima. ICE al acecho de los indocumentados, como sucedió con la mujer de El Paso que fue detenida en el juzgado después de presentar un caso de abuso doméstico contra su novio.
La única excepción del arresto y la deportación inmediata en las nuevas órdenes de la administración de Trump es la de los DREAMers. No que eso haya ayudado en nada a Ramírez, quien carece de historial criminal. Los DREAMers son jóvenes traídos cuando eran niños por padres que en su mayoría se quedaron después de que se les vencieran las visas, y están protegidos por la ley del ex presidente Barack Obama de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia. Este país es la única patria que ellos conocen.

¿Qué va a pasar con los padres de estos niños, que están protegidos de la deportación de manera similar por la ley de Acción Diferida para los Padres de Ciudadanos Estadounidenses? ¿Van a dejar a estos niños aquí privados de sus padres, como hizo ICE recientemente con los hijos de Guadalupe García de Rayos en Phoenix? De ser así, el Partido Republicano no podrá seguir llamándose a sí mismo el partido de los valores familiares. Redadas hechas a personas sin historial delictivo camuflajeadas como parte de una política dura contra el crimen son actos en contra de los más vulnerables y en contra también de nuestro sentido de la decencia humana.
Vale la pena repetirlo: la administración de Obama ya había estado deportando a delincuentes de verdad en cifras récord. Trump está echando las redes de la manera más amplia posible en contra de personas que no son delincuentes, citando infracciones menores o simplemente el acto mismo de la entrada ilegal. El índice de delito por parte de inmigrantes, y muy en particular el de los indocumentados, es más bajo que el del resto de la población. La mayoría de los asesinatos en masa en Estados Unidos han sido cometidos por hombres anglosajones nacidos en Estados Unidos enfrascados en un fanatismo nacionalista y religioso. No obstante, nadie se está enfocando en ellos como grupo.

En cambio, Trump está destruyendo las vidas de personas que han vivido aquí por décadas como estadounidenses.
Eso no es “luchar a favor de las familias obreras”, como prometió en campaña.
Eso es sembrar el terror, la división y la sensación enervante de que todos estamos siendo asaltados, como si este fuera un país totalitario. Con cada firma deTrump, Estados Unidos está perdiendo la autoridad moral de hablar sobre los derechos humanos, tanto en su propio país como en el resto del mundo.



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