La aldea más rica de Japón no encuentra trabajadores

>> 26 de septiembre de 2017

El pueblo de Sarufutsu, situado en el extremo norte de Japón, es el más rico de ese país gracias a la gran cantidad de vieiras que se extraen del mar de Okhotsk.


La aldea, más cerca de la isla rusa de Sakhalin que de Tokio, cuenta con algunos de los mayores ingresos medios de cualquier ciudad de Japón, gracias a los aportes de algunos pescadores. La nueva fábrica de vieiras, sin embargo, no funciona al máximo de su rendimiento porque no logra conseguir suficientes trabajadores que ocupen los puestos que requieren una remuneración menor pero igualmente buena.

Es un problema para la economía en su conjunto, ya que podría suceder que algunas industrias no sobrevivan a medida que la población envejece y se reduce, incluso si son rentables.

Las vieiras que se encuentran en esas aguas se secan y se exportan, principalmente, a Hong Kong y a otros lugares de la región. Se presenta como un ingrediente de lujo en la comida china. Por su valor, es el producto principal que se exporta desde Hokkaido. Pero los trabajadores de la fábrica son, en su mayoría, mujeres mayores. En aproximadamente siete u ocho años, no habrá más japoneses trabajando allí, según comenta Koichi Kimura, un ejecutivo de la cooperativa pesquera que administra la instalación.

"Si quisiéramos, podríamos funcionar las 24 horas al día y triplicar la producción", admite Kimura. "Pero necesitamos más de 100 personas nuevas para eso".

La población de la aldea no disminuye, pero está estancada. Al mismo tiempo que emplea 19 nuevos aprendices chinos entres sus 90 empleados, la fábrica no puede aumentar su capacidad de producción sin, necesariamente, agregar más empleados japoneses a su plantilla. Así que las autoridades del pueblo tratan de alentar a la gente a mudarse a la ciudad

Durante los últimos tres años el pueblo ha organizado recorridos para atraer a personas de otras partes del país para mostrar que se trata de un buen sitio para vivir. Además, nombró al chef de un popular restaurante de Tokio que utiliza sus vieiras como embajador de turismo. 

Pero el trabajo en la fábrica es estacional y los salarios son bajos. Mientras que los 250 miembros de la cooperativa pesquera que trabajan en las embarcaciones ganan bien (lo cual eleva el promedio), los empleados de la fábrica reciben salarios mínimos. Además, la fábrica sólo está abierta durante siete meses al año: se cierra durante el invierno, cuando las temperaturas de la zona bajan menos de 20 grados centígrados.

Sin mejores salarios y condiciones, será difícil atraer a la gente al área, pero la cooperativa no cree que pueda aumentar drásticamente los salarios.

"Los jóvenes japoneses no están interesados si aumentamos solo un poco los sueldos", dice Kimura. "Si tuviéramos que duplicar o triplicar los salarios, podríamos atraer a más trabajadores, pero no podríamos llegar a final de mes", agrega en ese sentido.

Mientras los economistas y el Banco de Japón hablan de la disminución de la población como una oportunidad para que las empresas aumenten la automatización y la productividad, no todos los trabajos son aptos para las máquinas. La nueva fábrica de 2.400 millones de yenes (USD 22 millones) se abrió en abril de 2016 con nueva maquinaria, pero todavía requiere trabajadores.

Es posible que haya que considerar el traslado de la planta, dijo el profesor de la Universidad de Hokkaido, Atsushi Miyawaki, quien estudia la política del gobierno.

"Incluso con el costo del capital a niveles tan bajos, simplemente no hay nuevas inversiones", explicó. "En algunos lugares, la historia económica dice que eso puede funcionar, pero es imposible que suceda aquí", finalizó.

 Por Masahiro Hidaka  / Washington Post

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