El joven que salvó a 30 personas en Las Vegas, casi muere y vivirá con una bala en su cuello

>> 3 de octubre de 2017

Escuchó las sonoras detonaciones y creyó -como miles allí- que se trataba de fuegos de artificio. Luego los reconoció como disparos. Uno tras otro. Ininterrumpidos. Mortales. De inmediato supo que se trataba de un tiroteo. Y se dio cuenta -como pocos- que la vida de las miles de personas que disfrutaban del concierto Route 91 Harvest Festival estaba en serio peligro. Y comenzó a ayudar. A convertirse en el ángel guardián de decenas de personas que hoy viven gracias a su valentía. Hasta que sintió un golpe y un ardor profundo entre su cuello y su hombro.


La foto con su rostro mirando a través de sus anteojos a la lente de un teléfono celular, sentado, con el torso desnudo y unos shorts rojos se viralizó. Un parche blanco se ve adherido en la base de su cuello. En los pliegues de sus codos, algodones sujetos con una cinta. Luego se supo su nombre: Jonathan Smith. Y después, todo Estados Unidos conocería su historia. Su heroica historia.

Con 30 años y técnico de máquinas fotocopiadoras, Smith fue herido el pasado domingo durante la mayor masacre de la historia del país tras del 11-S. Los médicos le informaron que es probable que tenga que vivir con el recuerdo de lo ocurrido alojado en su cuerpo. Es que la bala que atravesó su carne se quedará a vivir dentro suyo: no podrán sacársela, al menos de forma inmediata.

Smith manejó desde el Condado de Orange, en California, hasta Las Vegas, Nevada, para festejar el cumpleaños número 43 de su hermano Louis Rust, fanático de la música country y quien lo arrastró al concierto mortal. Jason Aldean sería el show final que verían juntos ese fin de semana como celebración. Junto a ellos había otros siete miembros de la familia.

Cuando los disparos comenzaron, Rust le dijo a la familia que se tomara de las manos y comenzaran a correr. Eran parte de la estampida de 22 mil almas que no entendían qué ocurría allí. Smith se enfocó en las más jóvenes: sus sobrinas de 17, 18 y 22 años. Mientras tanto, continuaba gritándole a la multitud: "¡Hay un tirador! ¡Hay un tirador! ¡Vamos! ¡Tenemos que correr!". Condujo a varias personas a un aparcamiento alejados y a resguardo. "Llevé a varias personas allí. Podías escuchar los disparos. Sonaban como que venían de Las Vegas Boulevard", contó Smith.

En un momento determinado vio que unas niñas estaban mal escondidas. Podían ser alcanzadas por las balas de Stephen Paddock (aún nadie sabía de quién se trataba, ni que estaba atrincherado en la Mandalay Bay Resort & Casino. Entonces, Smith se dirigió hacia ellas para ponerlas a resguardo y sintió un intenso dolor en su cuello. Pero luego, nada. "No podía sentir nada en mi cuello. Había una cálida sensación en mi brazo", contó en el hall de ingreso del Sunrise Hospital de Las Vegas en lunes por la mañana. "Podría tener que vivir con la bala por el resto de mi vida", explicó.

Un oficial de policía lo vio tendido y notó que sangraba profusamente. Con sus manos frenó la hemorragia, mientras intentaba que uno de los vehículos que pasaba por allí lo trasladara a un centro médico. "No quería morir", recuerda.

En total salvó la vida de unas 30 personas. Y luego de que su foto e historia se viralizara, comenzaron a llamarlo "héroe". "No me veo de esa forma. Hubiera querido que alguien hiciera lo mismo por mí. Nadie merece perder la vida al venir a un festival de música country", concluyó.   INFOBAE.COM

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